aprenDconpistas
Inicio › Blog › De la enciclopedia a «la Chati»: la inteligencia artificial en el aula

De la enciclopedia a «la Chati»: la inteligencia artificial en el aula

Como es obvio, la irrupción de la inteligencia artificial (IA) generativa en la educación tiene aspectos positivos y negativos. Bien empleada, es una herramienta de gran potencial para el profesorado y para el alumnado; mal empleada, puede vaciar de sentido buena parte de las tareas escolares. Pero el debate sobre si la IA es buena o mala es, en el fondo, secundario. El verdadero problema es estructural: cómo va a incidir en la manera en que el alumnado aprende y, en consecuencia, en la manera en que el profesorado debe enseñar.

Lo que dicen los datos

El uso de estas herramientas ya no es marginal. Según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares, el 37,9 % de la población española de 16 a 74 años utilizó alguna herramienta de IA generativa en los tres meses anteriores a la encuesta; en el grupo de 16 a 24 años la cifra asciende al 75,6 %, y el 59,3 % de ese grupo declara haberla usado para la educación formal (INE, 2025). En el conjunto de la Unión Europea, el 63,8 % de los jóvenes de 16 a 24 años utilizó herramientas de IA generativa en 2025 (Eurostat, 2026).

El último informe PISA permite descender a la Educación Secundaria Obligatoria, ya que evalúa a estudiantes de 15 años. En PISA 2025, el 54 % del alumnado español declaró utilizar chatbots de IA para ayudarse a aprender al menos una vez por semana (media de la OCDE: 46 %), y solo el 8 % afirmó no utilizarlos nunca o casi nunca para ninguna de las tareas escolares analizadas (media de la OCDE: 14 %) (OCDE, 2026). En las aulas, el fenómeno ya tiene incluso nombre propio: buena parte del alumnado se refiere a ChatGPT como «la Chati».

La perspectiva docente: tiempo, calidad y experimentación

El profesorado siempre ha podido contar con los materiales que ofrecen las editoriales, cada vez más cuidados y competitivos. Lo que la IA ha cambiado es la posibilidad de que cada docente elabore materiales propios con un nivel de acabado comparable y adaptados a su alumnado, en mucho menos tiempo.

Esta web es un ejemplo. La mayoría de sus recursos se han mejorado con ayuda de la IA, como los apuntes, las adaptaciones curriculares y los proyectos, o se han generado con ella, como las presentaciones. En todos los casos el punto de partida han sido materiales propios, construidos a lo largo de mi trayectoria docente.

El ahorro es especialmente notable en la maquetación, que antes consumía muchas horas y que ahora ofrece un resultado más visual. Es algo que se aprecia sobre todo en las propuestas de gamificación y de aprendizaje basado en juego (ABJ), en las que el diseño de tarjetas, tableros o materiales de juego es parte esencial de la experiencia. Pero el beneficio no se limita al tiempo. La IA actúa también como fuente de ideas que el docente puede contrastar en el aula: las propuestas que funcionan se consolidan y las que no, se descartan o se reformulan.

La perspectiva del alumnado: una historia de atajos

La tentación de buscar el camino más corto no es nueva. Cada avance tecnológico ha ofrecido al alumnado un atajo distinto, con sus ventajas y sus inconvenientes.

La enciclopedia

En la época de la EGB, un trabajo escolar consistía con frecuencia en acudir a la biblioteca y copiar la entrada correspondiente de una enciclopedia. El profesorado insistía en que la tarea no era copiar, sino contrastar, relacionar, formular hipótesis y argumentar. El aspecto positivo es que, al menos, se leía y se escribía. El negativo, que esa lectura y esa escritura eran mecánicas y no implicaban una elaboración propia.

Internet y los buscadores

Con la generalización de internet, la copia pasó a ser inmediata: bastaba con introducir una consulta en un buscador, seleccionar el texto, copiarlo y pegarlo, a menudo sin comprender su contenido. Se perdió incluso la lectura y la escritura que exigía la transcripción manual. Como contrapartida, cuando el profesorado lo exigía, el alumnado adquiría competencias de edición y maquetación con procesadores de texto.

El vídeo en plataformas como YouTube

Las plataformas de vídeo facilitaron el acceso autónomo a explicaciones de casi cualquier contenido, lo que permite estudiar y aprender con mayor rapidez. Su contrapartida es una menor tolerancia a los formatos extensos: los vídeos tienden a ser cada vez más breves y directos para mantener la atención de quien los ve.

La inteligencia artificial

Bien utilizada, la IA puede convertirse en un apoyo valioso para el estudio: ayuda a preparar exámenes, aclara contenidos, propone ejemplos y desglosa paso a paso procedimientos como el comentario de un texto histórico o la resolución de un ejercicio. Su riesgo es igualmente evidente: puede entregar el trabajo completo, redactado y maquetado. Exigir que se presente manuscrito no resuelve el problema; simplemente nos devuelve al escenario de la enciclopedia, en el que se transcribe sin elaborar.

En todos los casos se repite el mismo patrón: cada tecnología ha facilitado el acceso a la información, pero el reto educativo sigue siendo que el alumnado la procese, la comprenda y la transforme en conocimiento propio.

Implicaciones metodológicas

De todo lo anterior se deriva que la manera de trabajar del profesorado debe cambiar, y que ese cambio es hoy más urgente que nunca. Si existía un debate entre metodologías activas y metodologías transmisivas, a mi juicio la IA lo ha decantado. Cuando la producción del alumnado se realiza fuera del aula, el docente no puede garantizar su autoría. Un modelo basado en sesiones expositivas de cincuenta minutos y tareas para casa pierde así buena parte de su eficacia, porque cabe esperar que solo una minoría resuelva esas tareas sin recurrir a la IA.

La alternativa pasa por reorganizar el tiempo escolar:

  • El aula como espacio de producción. El alumnado debe realizar en clase la mayor parte posible del trabajo, bajo la observación y el acompañamiento del docente.
  • La explicación como guía. La exposición del profesorado debe orientar y andamiar el trabajo del alumnado, no sustituirlo.
  • El tiempo en casa para completar y ampliar. Vídeos, juegos o canciones pueden servir para reforzar o ampliar lo trabajado, siempre que después se compruebe en clase que esa tarea se ha realizado.

Este planteamiento es coherente con la visión centrada en el ser humano que defiende la UNESCO en su guía sobre IA generativa en la educación y la investigación, publicada en 2023. En ella, el organismo pidió a los gobiernos que regularan el uso de la IA generativa en la educación y planteó considerar los 13 años como edad mínima para su uso en el aula (Naciones Unidas, 2023).

Conclusión: PISA, el móvil y lo que está por venir

Los resultados de PISA invitan a tomarse este cambio en serio. En matemáticas, España ha pasado de 486 puntos en 2015 a 481 en 2018, 473 en 2022 y 457 en 2025; en lectura, de 496 puntos en 2015 a 474 en 2022 y 451 en 2025 (los resultados de lectura de 2018 no se publicaron para España por anomalías en las respuestas). Según la OCDE, los resultados de 2025 están entre los más bajos registrados nunca en España en las tres competencias evaluadas (OCDE, 2026; La Moncloa, 2026).

Entre las posibles causas, el uso intensivo del teléfono móvil ocupa un lugar central en el debate público. Los datos de la OCDE no permiten afirmar una relación causal, pero sí muestran una asociación: en España, el alumnado que declara que sus compañeros se distraen a menudo con dispositivos digitales en clase de ciencias obtiene 16 puntos menos que el que no lo declara, una vez descontado su perfil socioeconómico (OCDE, 2026).

Mi hipótesis es que los tres últimos informes reflejan una exposición cada vez más temprana al móvil: primero, generaciones que lo recibieron en el Bachillerato; después, generaciones que lo recibieron al llegar al instituto; y en los próximos informes, generaciones que lo tuvieron ya durante la Educación Primaria. A ello hay que sumar ahora el impacto masivo de la IA, cuyos efectos aún no se reflejan plenamente en estas evaluaciones.

La cuestión, por tanto, ya no es si el alumnado utilizará la inteligencia artificial, sino cómo lo hará. Y la respuesta depende, en buena medida, de cómo organicemos los docentes nuestras clases: si el aprendizaje sucede en el aula, la IA puede ser una aliada; si el aula se limita a transmitir contenidos y el trabajo se traslada a casa, la IA lo hará por el alumnado.

Nota del autor. Para redactar esta entrada me he ayudado de la inteligencia artificial por cuestiones de tiempo, pero todas las ideas que contiene son mías.

Referencias

← Volver al blog